La bioenergética busca lograr el equilibrio energético a partir de técnicas respiratorias y de liberación de las emociones; entre otras, además a ayudar al individuo a recuperarse junto con su
cuerpo. Wilhelm Reich, discípulo de Sigmud Freud, descubrió que no solo nos “defendemos” de los conflictos infantiles a través de defensas psicológicas – olvidándolos, haciéndolos inconscientes,
reprimiéndolos -, sino que también lo hacemos a través de defensas corporales bloqueando las emociones que están vinculadas a esos conflictos.
Las defensas psicológicas que utilizamos para enfrentar los insultos, y situaciones conflictivas o dolorosas se inscriben también en nuestro cuerpo. Estas defensas aparecen como
tensiones musculares crónicas e inhiben la expresión plena.
Las contracturas que se forman en la infancia se cronifican y aunque la o las causas que les dieron origen haya desaparecido, el organismo las conserva.
Nuestra tarea terapéutica consiste no solo en llegar a conocer el origen inconsciente del conflicto sino que además se propone liberar la energía bloqueada en las tensiones crónicas
a través de un abordaje integrador.
La palabra hindú significa "del Indo", el río que se extiende desde le Himalaya tibetano a lo largo del actual Pakistán hasta llegar al mar Arábigo. En esta región, diversas culturas ancestrales han contribuido con sus ideas e ideales para dar forma al actual sistema de chakras hindú.
Según la filosofía hindú, los chakras se consideran cuerpos de energía sutil situados dentro de la médula espinal, guardados en el núcleo más íntimo del Sushumna nadi. A esto se le llama el Brahma nadi, el transportador de la energía espiritual. Los nadis transportan energía sutil a todo el cuerpo y son unos aliados esenciales en el ascenso de la kundalini, la activación de la energía vital en el chakra más inferior. Cuando se despierta, esta energía kundalini asciende por la columna vertebral y se expande por todo el cuerpo para favorecer la iluminación.